Physios en la Powerade Madrid – Lisboa ¡Más de 700km de aventura!

Crónica por Antonio Renedo

La hazaña comenzó a gestarse el jueves por la noche, en una jaima colocada en el parking junto a las autocaravanas y furgonetas. Debajo Víctor, Manu y Carlos descansaban en un saco de dormir como si nada, a la espera de que los primeros rayos de sol les despertaran. Al lado estábamos nosotros, a cubierto con Álvaro al que acabábamos de conocer, otro ciclista del equipo ,y una cama vacía en la que acabó Noel Martín pasadas las dos de la madrugada tras una cena en Madrid en busca de patrocinadores.

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Dormimos poco, teníamos ganas de marcha, de que llegase el amanecer para que diese comienzo la aventura. Antes, claro, Víctor no perdonó el desayuno en la ‘Churrería Európolis’, estratégicamente colocada, donde dimos buena cuenta de los primeros cafés y de unas tostadas con aceite.

Relajados hasta una hora antes de la salida, donde corredores y asistencias tuvimos que escuchar las rigurosas instrucciones de la prueba, en unas instalaciones deportivas donde aprovechamos para dar los primeros masajes de activación. Al medio día comenzó la locura. Desde ese momento los minutos parecían segundos y cada etapa un fin de semana. La primera parada fue en Robledo de Chavela, a donde Manu llegó con un buen tiempo, y los corredores de los otros dos equipos WRC Physios Carril Bici, Mario y Noel, se situaron arriba.

Las cosas iban bien y pronto iban a llegar los sustos. Álvaro Alaguero, uno de los miembros del mixto comenzó su calvario particular. Sufrió un atropello en un camino por un coche de los Forestales de la Junta de Castilla y León. Las ruedas de su bici quedaron dañadas, sobre todo la delantera, pero se levantó de la caída como si nada y llegó a la línea de meta de Burgohondo, bastante tocado eso sí. Visita al médico, denuncias, reclamaciones a dirección de carrera, reparación fallida de los mecánicos de Shimano… demasiadas cosas para llegar puntuales al siguiente punto, Navalperal de Tormes, donde esperaba Mayte Infante, la única fémina del equipo, que había ido por su cuenta y que todavía no tenía dorsal. Lo llevábamos nosotros e íbamos muy justos de tiempo. Volábamos por las carreteras con la autocaravana. Dobles adelantamientos,  altas velocidades en los puertos… pero había que hacerlo. Al final sólo tuvo que esperar 2 minutos y la sangre no llegó al río. Bueno sí. Aparcamos en el pueblo y Álvaro bajó corriendo para darle el dorsal, con la mala suerte de que subía en bici Mario de Dios, el otro compañero, y chocaron de frente. El resultado, labio partido y herida en la nariz. Pero no se iba a rendir, es duro como una roca, le bauticé como el Rocky Balboa de la Madrid Lisboa.

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En esta etapa debutó también Víctor Quiñones. Su mirada destilaba ilusión. Estaba fino y lo sabía. Llevaba muchos días entrenando para ese momento y salió como un avión. Sus tiempos eran tan buenos como los de los mejores. Mirábamos asustados el seguimiento multimedia que nos mandaba Paloma desde Valladolid y Carlos recordaba en alto para que todo el mundo lo oyera: “Ya os había dicho yo que Víctor va muy bien”, pero de repente el motor se paró. Acalambrado, sufrió de lo suyo y tuvo que echar pie a tierra, estirar y tumbarse en el suelo para recuperar, hasta que llegó descompuesto, como si viniese de las trincheras de Afganistán. Ojos hinchados de dolor, helado de frío, bañado en polvo y en plena noche, lo que hizo aún más épico el momento.

El relevo se lo dio Jonatan López Perrino, ‘El Pichón. El de Fontiveros fue todo un descubrimiento, se convirtió, sin duda, en el protagonista de los momentos más divertidos de la Madrid Lisboa, con su desparpajo y su autenticidad, un fenómeno que encajaría muy bien en ‘Los Polvorones’.

Nuestro Manu, viendo lo castigado que se encontraba Víctor, decidió coger el toro por los cuernos y hacer dos etapas seguidas, sin relevo.  No estaba dispuesto a tirar la toalla y lo iba a dar todo para llegar a la capital portuguesa. Fue un momento clave en la prueba, porque el equipo resurgió de sus cenizas como el Ave Fénix para empezar a convertirse en uno de los mejores de la Madrid Lisboa.  ¿Cómo? Con trabajo en equipo. La insistencia de Laura, la fisio, y la capacidad de sufrimiento de Víctor le iba a dar la vuelta a la tortilla. En plena noche extremeña, tumbado sobre una manta, el de Mayorga recibió una dura sesión de punción seca en ambas piernas. Esa fue, para mi, la foto con mayúsculas de la jornada. Mario de Dios, compañero del equipo mixto y experto en nutrición deportiva, le preparó unos brebajes de potasio, magnesio e hidratos y le dio instrucciones para comer en las siguientes horas. Y de repente, todo funcionó a la perfección.

 

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Víctor salió en la séptima etapa, la más complicada de todas y dio un clínic de MTB. Le dijimos que saliera tranquilo, a disfrutar y vaya si lo hizo. Sus tiempos quedaron a la altura de los mejores.

A partir de ahí todo fue sobre ruedas. Ellos cumplían en los caminos y nosotros volábamos en carretera para estar a tiempo en las estaciones de hidratación. No dormíamos, no comíamos, no nos duchábamos… Había cosas más importantes que hacer.

No me olvido del ‘Ecce Homo’, de Álvaro, que seguía con problemas. Sus maltrechas ruedas Mavic de Tubeless pasaron a mejor vida y Carlos le prestó unas ruedas extra, que se la llevó por si acaso con muy buen criterio. Paloma, desde Valladolid, nos iba dando sus tiempos.

Destacar también el magnífico papel de Mayte Infante aguantando a la Campeona de España de Maratón de MTB Máster 30 durante toda una etapa para mantener el primer puesto y el gran trabajo de la pareja formada por Noel y David, que fueron sobrados en su categoría.

 

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Entonces llegó el bajón. Con la satisfacción del trabajo bien hecho se nos empezaron a cerrar los ojos. Yo era incapaz de hablar y caí rendido, como el resto del equipo, pero mereció la pena. Al final, balance positivo, sobresaliente. Dos campeones en sus categorías y un dignísimo papel de Manu, Víctor y Jonny, que estuvieron con los mejores.

Muito Obrigado! 

 

 

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